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Carta al Congreso  23/11/2012

Qali Warma  04/11/2013

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LA VERDAD, EL AMOR Y LA RENTABILIDAD.

 

















LOS VALORES ETICOS
 

Cuando hablamos de valores, en cierto modo nos estamos refiriendo a nuestras necesidades, pues valoramos lo que necesitamos. Los valores éticos o las necesidades de ética, corresponden a la dimensión espiritual del ser humano. Por eso, a los valores éticos los llamamos también valores espirituales.

El ser humano, tal como es aceptado tanto por autores religiosos como por autores del sector académico empresarial, tiene las siguientes cinco dimensiones: física, emocional, social, intelectual y espiritual.

En el proceso de desarrollo del ser humano, la primeras tres dimensiones (física, emocional y social), corresponden al nivel de dependencia. En este nivel, la persona requiere de otros para satisfacer sus diferentes necesidades. Esta etapa corresponde generalmente a la del niño y del adolescente que aún dependen de sus padres. También hay un alto porcentaje de la población adulta que se puede considerar en este nivel.

La dimensión intelectual, coincide con el nivel de independencia. En este nivel, la persona es capaz de resolver sus problemas por sí solo. Tiende a considerarse el todopoderoso, inclusive manipula a las personas para lograr sus objetivos personales. Es la persona autoritaria por excelencia.

En el nivel de interdependencia, la persona toma conciencia de que su libertad termina donde empieza la libertad del otro. El interdependiente se considera un “nosotros”. Su vida cotidiana está centrada en su dimensión espiritual. Los valores éticos corresponden a esta dimensión. El dependiente no puede saltar directamente al nivel de interdependencia. No se puede quemar etapas.

La decisión para pasar de un nivel a otro inmediato superior, es personal. Como primer paso, la persona tiene que desearlo. El proceso de desarrollo personal es un proceso de auto-desarrollo. La mayor parte de las personas no nos atrevemos a dar el primer paso, generalmente por miedo. La incertidumbre nos causa temor. ¿Cómo ayudar a la gente a dar el primer paso, a tomar la iniciativa, a lograr el control de su destino? ¿Cómo crear las condiciones para facilitar ese cambio? Una de las maneras, y quizás la única, es mediante la práctica de los valores éticos, como por ejemplo, mediante la práctica de la VERDAD y el AMOR, en cualquier rol que nos toque desempeñar;  sea como padre o madre de familia, como jefe de un centro de trabajo o como ciudadano responsable. Donde hay amor, no hay temor. Resulta vital aprender a amar, a servir cada vez mejor a los demás.



















    
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